La noche del 18 de octubre de 2025 quedará marcada como uno de los momentos más importantes en la carrera de Sabrina Carpenter. La cantante y actriz estadounidense no solo fue la invitada musical de Saturday Night Live, sino que también asumió el papel de anfitriona del programa, algo reservado para artistas con gran peso mediático.
El episodio parte de la temporada 51 del icónico show de comedia mostró a Carpenter en su faceta más segura, irreverente y provocadora, dejando claro que ya no es la estrella adolescente de Disney, sino una de las figuras pop más influyentes del momento.
Un monólogo con humor y descaro
Sabrina abrió el programa con un monólogo lleno de humor autocrítico y picante, donde se burló de su propia imagen pública y de la manera en que los medios la retratan. Con una mezcla de carisma y sarcasmo, la artista jugó con temas como su rápido ascenso en la música y la atención mediática sobre su vida amorosa.
Sin embargo, su discurso también dio de qué hablar: durante la transmisión en vivo soltó un par de “F-bombs” (palabras altisonantes) que no pasaron desapercibidas para los espectadores ni para la prensa. Algunos lo vieron como un gesto de autenticidad; otros, como una provocación innecesaria.

Dos actuaciones memorables (y polémicas)
La primera presentación de la noche fue “Manchild”, una de las canciones más comentadas de su nuevo álbum. Carpenter subió al escenario con una escenografía minimalista y un vestuario atrevido, apostando por una estética sensual y cinematográfica. Su interpretación fue potente, vocalmente impecable y visualmente cautivadora, consolidando su estilo entre el pop y el performance art.
Luego llegó el turno de “Nobody’s Son”, con una puesta en escena inspirada en la cultura japonesa: un dojo, bailarines en uniforme y una coreografía precisa. Aunque el concepto visual fue aplaudido por su originalidad, también generó controversia en redes sociales, ya que varios usuarios, incluida la cantante Rina Sawayama señalaron el uso de zapatos sobre lo que parecía ser un tatami tradicional, lo cual se considera una falta de respeto dentro de esa cultura.
A esto se sumó el uso nuevamente de lenguaje explícito durante la canción, algo que encendió el debate sobre los límites de lo “permitido” en la televisión en vivo.

Sketches, comedia y carisma
Más allá de la música, Carpenter se lució como comediante natural en varios sketches del programa. Uno de los más comentados fue la parodia de Domingo, donde imitó a celebridades como Lady Gaga y Taylor Swift, mezclando humor, referencias pop y su característico encanto.
En otro segmento, interpretó una lavadora “cantante” en una parodia absurda que provocó carcajadas entre el público y demostró su capacidad para reírse de sí misma.
A pesar de un pequeño fallo técnico en uno de los sketches su micrófono se cortó por unos segundos, la artista mantuvo la compostura y continuó con naturalidad, ganándose el aplauso de los fans.

Reacciones divididas, pero un impacto innegable
El paso de Sabrina Carpenter por SNL no dejó a nadie indiferente.
La crítica coincidió en que su actuación fue atrevida, carismática y llena de confianza, aunque también subrayó los elementos polémicos de la noche. Mientras algunos la celebraron como “la nueva reina del pop televisivo”, otros cuestionaron sus decisiones escénicas.
La controversia, sin embargo, solo parece haber reforzado su poder mediático: sus actuaciones se volvieron virales, su nombre fue tendencia global y las reproducciones de sus canciones aumentaron significativamente durante el fin de semana posterior al show.

Un nuevo capítulo en su carrera
Convertirse en host e invitada musical de SNL es un honor que pocos artistas logran, y Sabrina Carpenter lo aprovechó al máximo. La joven estrella demostró que domina el escenario, el humor y la narrativa visual con una madurez artística que la posiciona en la élite del pop contemporáneo.
Con este episodio, Carpenter no solo se ganó el reconocimiento de la audiencia televisiva, sino que selló un antes y un después en su carrera, dejando claro que su ascenso apenas comienza y que no teme asumir riesgos para seguir evolucionando.

